Un paseo con Dios y con Etty Hillesum

Nadie podía avisarte de lo que iba a pasar. Las duras pruebas, los malos momentos, nunca llegan a nuestra vida cuando se está preparado. Llegan así, por sorpresa. Cuando menos te lo esperas, cuando menos te apetece, cuando estabas listo para todo menos para “eso”


A los seres humanos nos suele suceder que hasta que algo no nos afecta personalmente, no somos capaces de comprender la grandeza o importancia de lo que sucede. Es algo que “les pasa a otros” pero no me pasa a mí.


El hambre en el mundo es un hecho, pero si no soy yo quien paso hambre quizá nunca me dé cuenta del drama que eso supone para tantos millones de personas en el mundo. Las enfermedades son un hecho, pero hasta que no soy yo quien estoy enfermo no me entero mucho.


Dicen que a las personas buenas de verdad se las reconoce en los momentos difíciles. Ante los retos de la vida, tantas veces es donde uno se descubre en verdad a sí mismo. Quiero ofrecerte con cariño una voz de una joven que quizá pueda inspirarte para ir más allá en tu modo de acoger y vivir este momento en el que tu vida se ha llenado de tantos cambios que no te gustan, pero que, no obstante, aún te ofrece tantas cosas buenas si sabes mirar más allá y más adentro.


Desde el tormento indecible que fue la Segunda Guerra mundial y más en concreto el holocausto judío, nos llega una voz que pudiera ser una inspiración para ti, querido joven: es la voz de Etty Hillesum, una joven judía neerlandesa que murió gaseada en Auschwitz con 29 años. Sus cortos años de vida fueron un verdadero itinerario de crecimiento personal que, en el momento que vivimos, supone una fuente de inspiración para crecer en humanidad, lucidez, profundidad, compasión y fe.


Etty no fue una muchacha tranquila y sensata. Vivó una vida emocional bastante caótica. Fíjate lo que escribe en uno de sus diarios:


Mientras volvía a casa habría querido que me atropellase un coche, y pensaba: así es, enloqueceré yo también, como toda mi familia (...) Pero hoy sé perfectamente que no estoy loca y que, simplemente, tengo que trabajar mucho sobre mí misma para convertirme en una persona adulta, una persona al cien por cien.


Comenzó a escribir un diario en 1941 por consejo de un psicólogo que un amigo le recomendó, Julius Spier. Este hombre marcó en su vida un antes y un después. Gracias a sus consejos, Etty comenzó a descubrirse a sí misma conectando con su interior. En un momento dado, leyendo la Biblia, vivió un encuentro con Dios que la transformó ya por completo. Y todo eso, no sucedió en un contexto de paz, de calma exterior. Todo este proceso de madurez personal, de integración emocional, de apertura a Dios y a los demás, lo vivió Etty en medio de la persecución nazi.


Su cambio personal llevó a esta joven a implicarse totalmente en la ayuda a sus hermanos judíos. Se ofreció a trabajar en un campo de concentración “de paso”, el campo de Westerbork donde hacía de todo por aportar un poquito de humanidad a la vida de aquellos hombres, mujeres, niños, ancianos tratados como cosas. Etty les facilitaba como podía medicinas, tramitaba papeles, hacía llegar cartas de sus familias en jornadas agotadoras. En ese contexto escribe Etty:


Me siento capaz de soportar este trozo de historia como el que estamos viviendo ahora sin sucumbir. Sé lo que sucede y mantengo la mente clara. Y a veces es como si me echaran una capa de ceniza sobre el corazón (…) Pero son momentos fugaces, luego me recobro y recupero la lucidez y puedo soportar este pedazo de historia sin sucumbir.


Y una vez has empezado a pasear con Dios, sigues caminando, toda la vida es entonces un gran paseo (…) He de tener paciencia y dejar que todo madure en mi interior (…) vivimos de forma equivocada, no nos comportamos con dignidad. No tenemos suficiente conciencia histórica. No odio a nadie. No estoy amargada. y una vez que ese amor por la humanidad se desarrolla dentro de ti, crece hasta el infinito.


Muchos me tildarían de loca ajena a la realidad si supieran lo que siento y pienso. Y sin embargo vivo con todas las realidades que nos trae el día. El occidental no acepta el “sufrimiento” como algo de esta vida. y por ello nunca puede sacar fuerzas positivas del sufrimiento.


¿Te atreves a pasear con Dios y aprender a sacar fuerzas positivas de lo que para ti es hoy un sufrimiento?


¡Ánimo! ¡Atrévete a pasear con Dios por tu interior! y verás cuanta energía, cuánta vida ha puesto Él en ti y cuánto puedes ofrecer a los demás en este momento denso de nuestro trozo de historia.



Elena Andrés,

Especialista en Educación de la Interioridad.

Directora de contenidos del Posgrado Experto Universitario en Educación de la Interioridad del Campus La Salle Madrid.

Viu a Irun, Gipuzkoa.

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